Un estudio concluye que los niños nacidos tras la transferencia de embriones congelados tienen un mayor riesgo de cáncer infantil que los niños nacidos tras la transferencia de embriones frescos y la concepción espontánea.

 

Según un estudio recientemente publicado, se ha detectado un incremento en la incidencia de cáncer en los niños que nacieron tras la transferencia de embriones congelados.

El objetivo que se planteaba era investigar si los niños nacidos después de la reproducción asistida, y más concretamente después de la transferencia de embriones congelados, tenían un mayor riesgo de cáncer infantil que los niños nacidos tras la concepción espontánea.

En la actualidad, la fecundación in vitro (FIV) es un tratamiento muy extendido en los países desarrollados y la opción de congelar los embriones resultantes de la FIV en nitrógeno líquido para implantarlos en el útero más adelante, se ha incrementado considerablemente. Se estima que el 8% de los niños que nacen en Europa son producidos por FIV y que incluso, en algunos países, los niños nacidos de embriones congelados supera al de niños nacidos tras la transferencia de embriones frescos.

Por el momento, se desconocen los efectos para la salud del bebé asociados al proceso de congelación, por lo que el estudio publicado en la revista PLOS Medicine aporta ahora datos valiosos sobre si esta técnica podría incrementar el riesgo de cáncer. En él se incluyeron los datos médicos de 171.774 niños nacidos tras el uso de técnicas de reproducción asistida y 7.772.474 niños nacidos de forma natural.

Los investigadores encontraron que la incidencia de cáncer antes de los 18 años en los niños nacidos de embriones congelados fue de 30,1 casos por 100.000 personas-año, en los nacidos de embriones frescos fue de 18,8 casos por 100.000 personas-año y en los niños concebidos de forma natural de 16,7 casos por 100.000 personas-año. Sin embargo, cuando se comparó la incidencia de cáncer en general entre los niños que se concibieron de forma espontánea con respecto al conjunto de niños que se engendraron tras FIV (tanto de embriones frescos como congelados) no se observaron diferencias significativas.

La conclusión del estudio es que los niños nacidos tras la transferencia de embriones congelados tenían un mayor riesgo de cáncer infantil que los niños nacidos tras la transferencia de embriones frescos y la concepción espontánea. A pesar de ello, los resultados deben interpretarse con cautela, dado el número limitado de niños que desarrollaron cáncer. Aunque el riesgo es bajo, estos hallazgos son importantes considerando el uso creciente de la congelación de embriones. Serán necesarios más estudios que confirmen si los niños nacidos de embriones congelados tienen un riesgo mayor de sufrir cáncer a lo largo de la vida.

 

 

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