
la evidencia clínica aportada parece demostrar que la medicalización para la transición comprende efectos irreversibles por el tipo y duración de la hormonación, y además puede encubrir casos reales de identificación más complejos (no siempre de transgéneros) y, en ocasiones, demostrados erróneos por la defectuosa evaluación inicial, como ocurrió en el caso Bell.