Aunque Flight puede ser considerada una película para exhibir los logros de la aviación en los finales de los años veinte del siglo pasado, en realidad tiene más peso la carga de humanidad que se hace presente. Es la historia de un joven acosado por experiencias de fracaso que va a buscar una nueva oportunidad en la vida llegando a ser piloto de aviación. Pero en realidad no encuentra allí el éxito que le redimiera de las anteriores experiencias negativas. Sólo le vendrá a través de relaciones de amor, amistad y perdón. Capra lanzaba un mensaje muy relevante para nuestra reflexión bioética actual, anticipado y trabajado por el profesor Sanmartín: la tecnología sólo es una ayuda para el desarrollo humano, no su alternativa.

Una anécdota que marca el sentido de una película

Al estudiar la película Submarine (1928) de Frank Capra en esta misma web[1] ya indicábamos que a pesar de las conexiones evidentes entre estas dos películas (y una tercera que conforma la trilogía, Dirigible de 1931) las ventajas de considerarlas de manera independiente son considerables. Así, el filme que ahora nos ocupa, Flight (Águilas,1929)[2], tiene un rasgo muy particular que no se hace presente en los otros dos. Es la historia de un fracasado en busca de una redención que no se consigue a través de medios tecnológicos sino de verdadero cuidado humano.

Vayamos por el principio, y permítasenos este cita un tanto extensa de la autobiografía de Capra.

El día de Año Nuevo de 1929 Harry Cohn[3] y yo asistimos a uno de los grandes espectáculos de nuestro tiempo… el partido de la Rose Bowl. California jugaba contra el Georgia Tech ante unos noventa mil acérrimos aficionados. A finales del partido, con California por delante 7 a 6, el Georgia Tech dejó crear la pelota en su propio territorio. En la loca meleé que siguió, un delantero de los California, Roy Riegles, recogió la pelota, se confundió y partió a la carga como un rinoceronte hacia su propia línea de gol. Noventa mil gargantas gritaron: “¡Vas en la dirección equivocada!” Una flota de defensas de los California echó a correr para interceptar a su delantero escapado. Pero el poderoso rugir de la multitud puso alas en los pies de Riegles. Con un último y supremo esfuerzo esquivó a un atajador y logró su objetivo anotando unos buenos dos puntos… ¡y ganando la Rose Bowl para los Georgia Tech!

Media multitud abucheó: “¡Oh, idiota!” La otra mitad gimió: “Oh, el pobre tipo.”[4]

La situación captó completamente la sensibilidad del director y del que iba a ser uno de los protagonistas de Flight, Ralph Graves en el papel de ‘Lefty’ Phelps. Sigue contando Capra:

En la excitación le grité a Harry Cohn:

Ese tipo formará parte de mi próxima película…, ‘dirección equivocada’ Riegles… nunca lo olvidará.

Ralph Graves y yo habíamos estado trabajando en otra obra Holt-Graves[5] que siguiera a Submarino. Le hablé acerca de ‘dirección equivocada’ Riegles. Graves se iluminó.

Esa es la historia de mi vida. Abramos Águilas con ella —y eso nos dio el argumento de Águilas (Flight) una historia de los aviadores de la Infantería de Marina.[6]

La trama en torno al mundo interior de los personajes y sus relaciones es más decisiva

Capra no deja de elogiar a renglón seguido que “[el] argumento no era nuevo, pero los vuelos eran espectaculares” (Ibidem). Sí, estábamos de nuevo una película sobre los fascinantes avances tecnológico del primer tercio del siglo XX y la capacidad sin par del cine para reflejarlos. Pero en realidad había mucho más. La trama en torno al mundo interior de los personajes y sus relaciones iba a resultar más decisiva.

Podemos considerar que hay como una doble faz en esta película de Capra, como en las otras dos de la aludida trilogía. Por un lado, tal y como refleja Ramón Girona, la superficie del relato de Capra en Flight atrae la mirada a lo que podríamos designar sintéticamente como el “enaltecimiento de la tecnología”.:

El departamento de publicidad de la Columbia aprovechó el estreno de Águilas para presentar a Capra como una especie de visionario, buen conocedor de las cuestiones relacionadas con lo militar y la tecnología. En un escrito publicitario destinado a los periódicos, Capra era presentado “como el hombre que hizo lo imposible, un año antes cuando realizó Submarine en el fondo del mar”, y continuaba, “ahora, tras conquistar el océano, su ambición se centra en el cielo”. Capra, según el estudio, se encontraba “encima de las nubes [filmando], utilizando [para ello] la radio y los aeroplanos”. Capra era presentado como un héroe moderno. Alguien que invocaba Charles Lindbergh y dominaba nuevos mundos, de la misma forma que dominaba las nuevas tecnologías, entre las que cabía citar el cine. [7]

Pero por otro lado, estudiosos de su obra tan prestigiosos como Raymond Carney invitan a considerar el fondo del filme que busca Capra con sus personajes. Lo explica con claridad:

“… es obvio que las escenas de acción no constituyen verdaderamente el foco del interés… la atención de Capra está firmemente centrada en los efectos de tales circunstancias extraordinarias sobre las conciencias de sus dos amigos. Cuando Graves es enterrado vivo en el casco de un submarino hundido (en Submarine), es varado en las selvas de Centro América después de que su aeroplano se estrellase (en Flight), o vague ciego por la nieve y medio desquiciado a lo largo de las heladas tierras del Antártico (en Dirigible) Capra emplea la escena para explorar la conciencia del individuo en una situación de peligro y de dudas sobre sí mismo”.

Incluso la localización parece subvenir al propósito predominantemente psicológico de Capra… Las junglas de Centro América, los glaciares de la Antártico y el fondo del mar le interesan como… paisajes de la mente —lugares donde los estados de desorientación y crisis pueden conducir a un individuo al crecimiento de su conciencia.[8]

Nos parece que la contraposición que realiza Raymond Carney posee el impagable mérito de liberar la lectura de la obra de Capra de la trivialidad y emparentarla con el trascendentalismo filosófico de Emerson o Thoreau, o con la expresión pictórica de Thomas Eakins, Winslow Homer, Edward Hopper o John Singer Sargent, entre otros. Esa mirada más penetrante es la que nos permite descubrir que la anécdota de ‘dirección equivocada’ Riegles no se diluye en modo alguno en otras dimensiones de la trama, sino que está presente del principio hasta el final.

Fligth arranca con el relato de la desorientación. Capra lo dibuja de una manera más rica

Veámoslo. Fligth arranca con el relato ya conocido. Capra lo dibuja de una manera más rica y ‘Lefty’ Phelps (Ralph Graves) es un universitario nervioso e inseguro, que nunca ha participado en un gran partido de fútbol, al que el entrenador le da la oportunidad de debutar en un momento crítico del partido. Van empatados a cero, y el coach considera que puede aportar la fuerza desequilibrante necesaria para inclinar la balanza a su favor. En un principio va bien porque Lefty sorprende por su arrancada veloz. Pero cuando lo placan, da una voltereta, pierde la orientación, y consigue el punto para el equipo contrario corriendo en la dirección equivocada.

La prensa saca en grandes titulares el ridículo cometido por el jugador, hasta el punto de considerarlo el anti-Lindbergh, es decir, lo radicalmente contrario del héroe popular[9]. Huyendo de quienes se burlan de él cuando lo reconocen se refugia en unos lavabos. Y allí conoce a Panama Williams (Jack Holt) un sargento aviador de los marines. En un primer momento, antes de conocerle, Panama se permite hacer burlas del muchacho, insinuando incluso si no habría sido objeto de su soborno por parte del equipo contrario. Lefty que lo escucha explota y amenaza con pegarle. Panama se da cuenta de la crueldad de su error. Se disculpa y le anima a formar parte de los pilotos aéreos de los marines.

Meses después vemos que Lefty ha seguido el consejo para cambiar de vida y olvidar su error. Aparece como un soldado que aspira a ser instruido como piloto. Panama es su instructor, pero en un primer momento no lo reconoce. En cambio, uno de sus compañeros (Steve Roberts) lo descubre, pues limpiando un aeroplano se le cae la cartera donde Lefty guardaba el recorte de prensa con el titular que lo contraponía. Lefty no soporta que se burlen de nuevo de él y se pelea. Panama los separa y en ese momento recuerda quien es ese muchacho. Coge el recorte y quita de él la parte que lo contrapone a Lindbergh. Todo un gesto de confianza y de compromiso para ayudar a Lefty.

Pero,  a pesar de estar muy bien preparado los nervios le vuelven a jugar una mala pasada a Lefty en el examen para obtener la autorización de volar en solitario. No consigue despegar, el aeroplano se estrella, y de nuevo es objeto de burlas. En el hospital va a recibir cuidados y consuelo de la enfermera Elinor (Lila Lee), que ya se había fijado en él. Ahora entre ellos se crea una relación especial de enamoramiento.

Panama sigue creyendo en Lefty. Es el primero en rescatarle del accidente y pide que actúe como su mecánico, con la esperanza de que puedan volverle a dar la oportunidad de volar, con ocasión de una misión de paz y ayuda a los marines contra en Nicaragua[10]. Pero como en las otras películas de la trilogía la amistad entre el personaje de Holt y el de Graves ha de pasar por la prueba de enamorarse de la misma mujer. Panama está prendado de Elinor y hace creer a Lefty que es su prometida. Por lealtad a su amigo, el joven se aparta de ella. E incluso acepta el ruego de Panama de declararse a ella en su nombre, dado que su formación universitaria y la nobleza de sus orígenes le permiten tener una mejor expresión de palabra.

La prueba del amor y de la amistad

El encargo es un nuevo fracaso para Lefty. Elinor le confiesa estar enamorada de él, no de Panama, quien al saberlo, cree que ha sido objeto de la más abominable traición por parte de quien creía su mejor colega. El piloto se ensaña con su mecánico acusándole de que ha sido la tercera ver que ha ido en la dirección contraria: en el partido de fútbol, en el examen de pilotos y ahora con él. Lo reta a pelear pero el aviso de que deben salir a combatir contra un ataque de Lobo, el jefe de los bandidos contra los marines, pone en suspenso la contienda.

Las escenas de los aeroplanos volando en rescate de los marines amenazados son verdaderamente espectaculares. Al público de la época debieron impresionar profundamente. Pero de nuevo el acento en la trama va por los asuntos de relación humana. Lefty vuela con Steve Roberts, porque a Panama lo ha reclamado como ayudante el mayor James D. Rowel (Alan Roscoe), ante las bajas por malaria de otros soldados. Aunque la misión resulta exitosa, Steve y Lefty son derribados. El primero queda malherido de muerte y Lefty se desvive por cuidarlo, rechazando la generosidad del herido que le invita a que lo abandone y se salve. En ese momento Steve le pide perdón por sus bromas hacia él, sin duda pesadas, pero que tenían una clara intención de ayudarle: sólo recuperando el sentido del humor Lefty podría relativizar su sensación de fracasado. Capra introduce ese gesto de calidad humana, instantes antes de que Steve fallezca. Lefty cumple con la última voluntad de su amigo, y lo entierra quedando la nave con él para evitar que se coman su cadáver las hormigas. Un funeral de tipo vikingo que el cine de la época recogió en diversas ocasiones[11].

También se produce ahora la reconciliación entre Lefty y Panama. Este último se había negado a salir en rescate de Steve y Lefty. El escuadrón al regresar nota su ausencia. Esperan a repostar y salen a buscarlos. Panama pone como excusa que tiene fiebre para no ir, por su resentimiento con Lefty. Pero la nueva expedición regresa sin encontrarlos y los da por perdidos. En ese momento Elinor ruega a Panama que haga un último intento y busque a Lefty. Le convence de que el comportamiento de su amigo había sido ejemplar, y que fue ella la que le confesó a su pesar que estaba enamorada de él. Panama reacciona. Pide permiso para volar. Encuentra a Lefty por las llamas del funeral vikingo del avión. Como es herido en una pierna por los secuaces de Lobo deja que sea Lefty quien pilote. Consigue despegar de manera impecable y aterrizar de modo heroico ante los ojos del mayor, pues el aeroplano había perdido una rueda, y la maniobra era muy arriesgada.

Vemos que Lefty ha sido admitido como piloto en la última escena, en la que aparece como instructor de unos jóvenes, repitiendo las palabras que en su día escuchó a Panama. Pero Lefty sigue siendo ese muchacho inseguro. Cuando quiere escupir para impresionar, la saliva le cae sobre la chaqueta y la tiene que disimular. Y cuando Elinor, ahora ya su esposa, va a recogerle con un coche nuevo, el joven da por supuesto que sabe conducir. Pero al ponerlo en marcha, se le va hacia atrás. Diríamos que por cuarta vez. Lefty anticipa el famoso final de It´s a Wonderful Life (¡Qué bello es vivir!) la película más emblemática de Frank Capra: “Nadie es un fracasado si tiene amigos”.

Conclusión

En un arco de cuarenta años, que va entre 1987[12] y 2017[13] el profesor Sanmartín Esplugues no dejó de alertar de una maniobra envolvente que se venía haciendo a lo largo del siglo XX y que ya estaba presente en algunos escritos de Max Scheler[14] o de José Ortega y Gasset[15]. Se trataba de considerar que el ser humano no era un ser natural sino cultural y que por tanto la tecnología podía ser el remedio de todos sus males, en su mayor parte derivados de una naturaleza errática o defectuosa. Sin embargo un planteamiento de este tipo perdía para José Sanmartín el debido equilibrio. La cultura era la ocasión para mejorar algunos aspectos de la naturaleza humana, que por ella misma es el mayor regalo. O dicho de una manera más directa, las personas no contamos con una naturaleza deforme que la técnica nos vaya a solucionar, sino que forma parte de nuestra propia dignidad el sacar adelante todas nuestras riquezas constitutivas. Y para ello la relación interpersonal es más decisiva que la razón tecnológica. Como se muestra en Flight, Lefty no es redimido por el prestigio de haber aprendido a pilotar, sino por el amor incondicional de Elinor, la amistad de Panama y el mutuo perdón con su colega Steve.

Capra con Fligth lanzaba un mensaje muy relevante para nuestra reflexión bioética actual, anticipado y trabajado por el profesor Sanmartín. La tecnología sólo es una ayuda para el desarrollo humano, no su alternativa. La tecnología será siempre un buen ayudante para nuestro crecimiento en humanidad si sabemos pedirle lo que nos hace falta. Pero no, si acomplejados ante los logros de los nuevos descubrimientos confesamos que son —cuando en modo alguno pueden serlo— “los nuevos redentores”, según la acertada expresión de José Sanmartín.

 

Ficha técnica:

Título original: «Flight »  (“Águilas”).

Año: 1928.

Duración: 1h. 55m.

País: Estados Unidos

Dirección: Frank Capra

 

 

Gracia Prats-Arolas

Profesora e investigadora en Filosofía y Cine

Universidad Católica de Valencia

 

Jose Alfredo Peris-Cancio

Profesor e investigador en Filosofía y Cine

Miembro del Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

[1] Cfr. “La alianza entre amistad, reconocimiento del otro y tecnología en «Submarine» (1928)”, https://www.observatoriobioetica.org/2025/05/la-alianza-entre-amistad-reconocimiento-del-otro-y-tecnologia-en-submarine-1928/10004059

[2] Resulta accesible en YouTube, https://www.youtube.com/results?search_query=frank+capra+flight, pero ninguna de las copias que allí se exhiben son tan completas como la reeditada por Sony en la colección “Frank Capra at Columbia” en formato Blu-ray y con una duración de 115 minutos.

[3] Recordamos, el propietario de la Columbia, el estudio donde trabaja Frank Capra.

[4] Capra, F. (2007). Frank Capra. El nombre delante del título. Madrid: T&B Editores, p. 134.

[5] Como Submarine, cfr. nota 1.

[6] Ibidem.

[7] Girona, R. (2008). Frank Capra. Cátedra: Madrid, págs. 134-135.

[8] Carney, R. (1986). American Vision. The Films of Frank Capra. Cambridge, London, New York, New Rochelle, Melbourne, Sidney: Cambridge University Press, p. 103.

[9] Charles Augustus Lindbergh (Detroit, Míchigan; 7 de febrero de 1902-Kipahulu, Hawái; 26 de agosto de 1974) fue un aviador e ingeniero estadounidense. En 1927, alcanzó la condición del primer piloto en cruzar el océano Atlántico, de oeste a este, uniendo el continente americano y el continente europeo en un vuelo sin escalas en solitario; anteriormente una pareja de aviadores británicos (Alcock y Brown) había llegado desde Terranova hasta Irlanda en 1919, pero no hasta el continente europeo.​ El vuelo enlazó Nueva York y París, a más de 6,000 km de distancia y Lindbergh obtuvo por ello el premio Orteig, de veinticinco mil dólares de la época. En 1954, ganó el Premio Pulitzer de literatura con su obra Spirit of St. Louis, un relato sobre su famoso vuelo. Murió en 1974. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Lindbergh

[10] Capra la presenta como una misión de paz de los marines, a instancia del Presidente Ortega, frente a Sandino, al que no presenta con ese nombre, sino como un bandido, Lobo. Es un dato de actualidad que el director gustaba de introducir en sus películas. A algunos les parece que Capra es poco crítico con el imperialismo americano latente en estas actuaciones. Pero no hay que precipitarse en juicios de este tipo. Cuando Capra realizó sus reportajes para favorecer la intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial lo hacía desde la convicción ética de liberar a la población mundial de los peligros de políticas totalitarias. Véase esta otra obra de Ramón Girona:  (2009). Why We Fight de Frank Capra. El cinema al servei de la causa aliada. Valencia: Ediciones de la Filmoteca -Instituto Valenciano del Audiovisual Ricardo Muñoz Sua). De ese modo, Capra consideraba justificada una intervención que buscaba poner freno a una actuación terrorista, que ponía en jaque al propio gobierno constitucional de Nicaragua, que era el que solicitaba ayuda.

[11] Por ejemplo, unos años después Stuart Walker y Mitchell Leisen la retoman en The Eagle and the Hawk (El águila y el halcón, 1933). Cfr. Sanmartín Esplugues, J., & Peris-Cancio, J.-A. (2019c). Cuadernos de Filosofía y Cine 05. Elementos personalistas y comunitarios en la filmografía de Mitchell Leisen desde sus inicios hasta “Midnight” (1939). Valencia: Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, p. 62,

[12] Año de Sanmartín Esplugues, J. (1987). Los nuevos redentores: reflexiones sobre la ingeniería genética, la sociobiología y el mundo feliz que nos prometen. Barcelona: Anthropos.

[13] Año de uno de sus últimos artículos de trasferencia, Sanmartín Esplugues, J. (2017). La técnica y el proceso de humanización. En diálogo con José Ortega y Gasset. Investigación y Ciencia, 50-51.

[14] Por ejemplo, Scheler, M. (1934). El saber y la cultura. Madrid: Revista de Occidente.

[15] Claramente en Ortega y Gasset, J. (1977). Meditación de la técnica y otros ensayos. Madrid: Revista de Occidente.

 

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