
La única respuesta digna y humana a la maternidad subrogada comercial, que respete los derechos humanos de la madre subrogada y de su hijo, es una prohibición mundial. La Declaración de Casablanca de Olivia Maurel ha propuesto un texto para una posible convención internacional. Merece ser apoyada en todas partes. La maternidad subrogada no es “pro familia”.
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