
La habilidad de Zimbardo consistía en aprovechar el hambre de respuestas a las grandes preguntas de la sociedad. Puede ser teóricamente vacuo, una obra de teatro moral disfrazada de ciencia.
Pero la fama del experimento de la prisión de Stanford perdura porque parece arrojar luz sobre cómo las personas buenas pueden convertirse en malas. Y eso siempre da para una buena historia.
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