Se ha publicado en la revista Nature un artículo en el que se informa del primer xenotrasplante de un hígado de cerdo a una persona. El xenotrasplante tuvo lugar en China el 10 de marzo de 2024.
El receptor fue un hombre de 50 años en muerte cerebral que recibió un hígado de cerdo modificado genéticamente que se mantuvo 10 días en funcionamiento hasta que los familiares del paciente decidieron terminar con el experimento.
El hígado trasplantado contaba con seis modificaciones genéticas que facilitaron la compatibilidad con el receptor para así evitar el rechazo del órgano. Además, al paciente también se le administraron inmunosupresores.
El paciente no padecía ningún problema hepático y su hígado se mantuvo en su sitio, mientas que el nuevo órgano fue trasplantado en otro lugar del abdomen. Durante los diez días que estuvo implantado, el hígado porcino produjo bilis y albúmina.
Este xenotrasplante ha servido para demostrar que el órgano de cerdo no solo funciona, sino que puede servir de “injerto-puente”, es decir, que podría trasplantarse temporalmente tras un fallo hepático fulminante mientras se esperara la llegada de un hígado humano compatible para ser trasplantado.
Aunque en España se han batido récords de trasplantes de hígado, en otros países escasean los órganos humanos para trasplante o directamente no hay un programa de trasplantes consolidado. También sucede que los donantes de hígados para trasplante son cada vez más mayores y los órganos llegan en peores condiciones.
Otros casos de xenotrasplantes
El primer caso de trasplante de riñón de cerdo a una mujer en muerte cerebral, se realizó el 25 de septiembre de 2021 y el órgano funcionó correctamente y con autonomía durante 54 horas.
Posteriormente, en enero de 2022, se realizó el primer trasplante de un corazón de cerdo, que fue modificado genéticamente para facilitar la compatibilidad del órgano y reducir la respuesta de rechazo inmune del paciente, que sobrevivió dos meses aquejado de una grave insuficiencia cardiaca.
En 2024 se realizó un nuevo xenotrasplante de riñón de cerdo, pero esta vez a un paciente vivo aunque gravemente enfermo, que falleció dos meses después de la cirugía.
Valoración bioética
La dificultad para obtener órganos humanos para trasplantes ha promovido una investigación en busca de vías alternativas que puedan contribuir a satisfacer la demanda de órganos. Las dificultades que entraña la medicina de trasplantes son muchas, desde clínicas hasta legales o económicas. Proponer legislaciones como la española que extiende la posibilidad de obtener donantes, debiendo manifestarse la voluntad de no donar para ser excluido de esta consideración, suponen un fuerte incentivo para la extensión de los trasplantes.
Deben superarse otras dificultades como proveer de infraestructura técnica, humana, logística y económica a los servicios implicados, que hagan viables los trasplantes a mayor escala, suficiente para atender la creciente demanda de órganos.
Otras posibilidades han sido exploradas para tratar de paliar el déficit de órganos para trasplante, como la investigación que promueve la creación de organoides en el laboratorio, las terapias regenerativas con células troncales, o el recurso a órganos de animales, los xenotrasplantes, o quimeras humano-animal, en cuyo caso deben superarse las dificultades añadidas que supone la incompatibilidad genética al tratarse de especies diferentes.
Las técnicas de edición genética han sido aplicadas en estos casos para tratar de paliar esta incompatibilidad, modificándose genes relacionados con el proceso de rechazo inmunológico por parte del receptor. De este modo se podría ampliar la posibilidad de obtener órganos de animales que fueran aptos para su trasplante en humanos tras esta edición genética.
Pero los resultados actuales sitúan esta posibilidad todavía muy lejos. La complejidad que entraña la modificación genética tanto sobre los órganos de animales candidatos para el trasplante, como sobre embriones de animales “humanizados” con el fin de mejorar su histocompatibilidad, hace que estas posibilidades no reúnan las condiciones de seguridad y eficacia exigibles para su aplicación en humanos.
Los experimentos con pacientes en muerte cerebral plantean dificultades éticas no resueltas, y sus resultados son escasos. Los experimentos con paciente vivos han ofrecido supervivencias muy cortas, dadas las dificultades ya apuntadas.
Las posibilidades de la edición genética son enormes en este campo, tanto para la adaptación de órganos de animales para hacerlos compatibles con receptores humanos como para la producción de nuevos órganos a partir de embriones humanizados o quimeras. Pero también son enormes los riesgos asociados. El conocimiento limitado del funcionamiento de nuestro genoma hace que sea, hoy en día, imposible prever las consecuencias de la edición de genes implicados en los procesos de histocompatibilidad. Si bien se están produciendo grandes avances en este campo, los efectos no deseados asociados a la modificación de determinados genes y su interacción con el resto del genoma suponen un límite a la extensión y los resultados de estos experimentos.
Julio Tudela
Ester Bosch
Observatorio de Bioética
Instituto Ciencias de la Vida
Universidad Católica de Valencia
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