Una investigación publicada en Science Advances ha logrado identificar por primera vez las fuerzas mecánicas específicas que ejercen los embriones humanos durante su implantación en el útero materno, un hallazgo que podría ayudar a comprender mejor ciertos casos de infertilidad inexplicada. El estudio, realizado con embriones humanos y murinos en una plataforma deformable que simula el tejido endometrial, revela diferencias significativas entre especies: mientras los embriones de ratón se expanden superficialmente, los humanos se insertan profundamente generando múltiples focos de tracción. Los embriones con problemas de implantación mostraron una capacidad de desplazamiento reducida, aportando pistas valiosas para futuras terapias de fertilidad. Sin embargo, este avance científico plantea serios dilemas éticos al haber requerido la utilización y destrucción de decenas de embriones humanos procedentes de clínicas de reproducción asistida, una práctica que, aunque legal bajo la normativa española, vulnera el derecho fundamental a la vida de estos individuos de la especie humana desde su concepción, según denuncia el análisis bioético del estudio.
La investigación de las primeras etapas de la vida embrionaria constituye uno de los objetivos de numerosas investigaciones, en muchos casos dirigidas a identificar las causas que podrían explicar problemas de infertilidad específicamente en la aplicación de las técnicas de reproducción asistida (TRA).
Los estudios con embrioides, embriones sintéticos o “pseudoembriones” obtenidos utilizando técnicas de reprogramación celular, han tratado de aproximarse al conocimiento de las primeras etapas evolutivas de los embriones humanos para profundizar en el complejo mecanismo asociado a la puesta en marcha del programa de desarrollo que conduce al cigoto inicial en su sofisticada evolución hacia el blastocisto, la diferenciación del embrión, el feto y el neonato.
Estos estudios no están exentos de dificultades éticas, como hemos analizado previamente.
El proceso implantatorio
Una de las etapas críticas del comienzo de la vida humana es el sofisticado proceso de inclusión del nuevo embrión en los tejidos endometriales del útero de su madre, es decir, su implantación, de modo que pueda recibir, además de la nutrición necesaria para su crecimiento, un nutrido conjunto de estímulos que conducirán su desarrollo madurativo hacia el nacimiento.
Como hemos analizado previamente, este proceso viene preparándose en el caso del embarazo natural desde el tránsito del embrión a través de las trompas de Falopio de su madre, proceso complejo en el que se establece un complicado diálogo bioquímico entre el embrión y su madre, que tiene una importante trascendencia en la exitosa culminación del posterior proceso implantatorio. Esta fase, por cierto, es omitida en el caso de la fecundación in vitro, en la que el tránsito tubárico es sustituido por la transferencia del embrión obtenido in vitro al útero de su madre.
Nuevos hallazgos
Relacionado con el estudio del proceso implantatorio embrionario, ha sido publicado recientemente un estudio in vitro, que utiliza un modelo que imita parcialmente la composición del tejido endometrial uterino, con el fin de analizar el proceso con mayor profundidad registrándolo gráficamente y comparando la secuencia implantatoria de embriones humanos y murinos.
Según concluye este estudio, publicado en la revista ScienceAdvances, aunque la invasión tisular es fundamentalmente un proceso mecánico, la mayoría de los estudios que han analizado el fenómeno se han centrado en los aspectos bioquímicos y genéticos de la implantación.
En el mencionado estudio, se ha provisto una plataforma deformable in vitro, que ha permitido visualizar la tracción durante la implantación de embriones tanto humanos como murinos.
Los autores han identificado determinadas fuerzas que, aplicadas por los propios embriones, conducen a la remodelación de la matriz de implantación, con amplitudes de desplazamiento específicas de cada especie y patrones radiales distintivos.
Mientras los embriones murinos muestran direcciones de desplazamiento principales que conducen a una expansión superficial, los embriones humanos se insertan en la matriz, generando múltiples focos de tracción.
En el caso de los embriones humanos con problemas de implantación, se evidenció una capacidad de desplazamiento reducida, al igual que los embriones de ratón con inhibición de la transmisión de fuerza mediada por integrinas.
Estas señales mecánicas se relacionan en los embriones humanos con un proceso de inclusión de miosina, dirigiendo las protrusiones celulares, mientras que los embriones de ratón orientaron su implantación o eje corporal hacia la señal externa.
Según los investigadores, estos hallazgos ponen de manifiesto el papel de las fuerzas mecánicas en el desencadenamiento de los patrones de invasión específicos de cada especie durante la implantación embrionaria.
Valoración bioética
Es indudable que un conocimiento más profundo del complejo proceso implantatorio del embrión humano puede contribuir a identificar factores limitantes y favorecedores que permitan, en algunos casos, superar casos de infertilidad de origen hoy desconocido.
Pero debe subrayarse que, aunque el fin descrito resulte lícito, para que los experimentos relacionados puedan ser considerados igualmente lícitos, tanto el objeto de tales experimentos como los medios utilizados en su desarrollo deben atenerse a principios éticos que los orienten hacia el respeto de la vida y la dignidad humanas.
Para el estudio que nos ocupa, ha sido necesario utilizar y destruir decenas de embriones humanos, que han sido obtenidos de excedentes de los procesos de fecundación in vitro, criopreservados y donados por sus padres, que han mostrado previamente su intención de no gestarlos y su conformidad con su utilización en tareas de investigación y destrucción posterior antes de superar los 14 días de vida, tal como establece la Ley 14/2006 de Reproducción Humana Asistida. Todos los embriones utilizados en este trabajo fueron proporcionados por la clínica Dexeus Mujer.
Además, se obtuvo la preceptiva autorización del Comité de Ética de la Investigación (CEI) correspondiente.
Sin embargo, debe denunciarse que ni la mencionada Ley de Reproducción Humana Asistida, ni los CEI implicados, han velado por defender el derecho a la vida de los embriones humanos utilizados en esta experimentación.
Que estos embriones constituyan individuos de la especie humana es algo que hoy no discute ningún científico honesto y bien informado, a la luz de los conocimientos acumulados sobre su naturaleza y evolución vital desde la fecundación.
Tampoco deja dudas al respecto el pronunciamiento Tribunal de Justicia Europeo, que en una sentencia dictada en octubre de 2011 afirmó que “constituye un embrión humano todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación” (35-36).
Aún siendo indiscutible que el embrión humano desde el estado de cigoto es un individuo de la especie humana, por tanto, con derecho a la vida, este derecho es sistemáticamente vulnerado en el caso de los embriones tempranos, con el amparo de muchas legislaciones que ignoran la evidencia científica y el debido respeto que todo ser humano merece, independientemente de su estado madurativo y condición.
¿Puede un fin lícito -avanzar en el estudio de las causas de infertilidad- justificar medios ilícitos, como el sacrificio de múltiples seres humanos en estado embrionario?
Cuando los criterios utilitaristas, que solo valoran los fines de las investigaciones científicas ignorando la licitud de los medios empleados, son los que guían a científicos y legisladores, la dignidad humana es violentada, los derechos vulnerados y, como ocurre en este caso, la vida exterminada. Una ciencia que atenta contra la vida nunca puede conducir al progreso humano, sino a la decadencia de una civilización.
Julio Tudela
Observatorio de Bioética
Instituto Ciencias de la Vida
Universidad Católica de Valencia
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