La inteligencia artificial (IA) representa uno de los mayores avances tecnológicos de nuestro tiempo, con implicaciones profundas en la sociedad, la economía y la ética. En este contexto, el año 2025 es un año trascendental para ella. Dos importantes documentos han marcado este año como un hito para la IA. Por una parte, tenemos la “Antiqua et Nova”, documento de la Santa Sede publicado el 28 de enero, fruto de la reflexión mutua entre el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Por otra parte, encontramos el Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial del que, el pasado 2 de febrero, entraron en vigor sus prohibiciones y disposiciones generales (Cdo. 179).
En sus 117 párrafos, el documento «Antiqua et Nova», aborda la relación entre la IA y la humanidad y ofrece una reflexión ética desde la perspectiva cristiana sobre la IA y sus efectos en la dignidad humana y la moral. En cambio, el Reglamento (UE), con sus 180 considerandos, 113 artículos y 13 anexos, es una norma jurídica, la primera norma jurídica del mundo sobre IA. Establece un marco normativo para garantizar el desarrollo y uso de la IA dentro de parámetros jurídicos que protejan los derechos fundamentales y fomenten la innovación. Si bien ambos textos abordan la IA desde perspectivas distintas, comparten preocupaciones clave y ofrecen marcos de referencia complementarios.
«Antiqua et Nova» tiene como objetivo contribuir positivamente a un discernimiento sobre la IA desde el ámbito antropológico y ético (par. 5) para asegurar que la IA respete la dignidad humana y promueva el desarrollo integral de la persona y de la sociedad (par. 6). Este objetivo también lo comparte el Reglamento, pero basándose en una perspectiva jurídica, estableciendo normas armonizadas para garantizar que los sistemas de la IA sean seguros, éticos y fiables y que se utilicen de forma responsable. En este sentido, aunque los enfoques difieren, ambas perspectivas coinciden en la necesidad de que la IA respete los valores esenciales de la humanidad y en poner al ser humano en el centro.
Ya de entrada, la Santa Sede hace mucho hincapié en la inteligencia humana como diferente de la IA. Hay varios párrafos dedicados a eso. Esto se puede ver también en el Reglamento que exige en su artículo 14 lo que se conoce como «Human in the loop», la supervisión humana en algunos puntos. Este concepto reaparece con fuerza en la era de la inteligencia artificial. Tiene que haber una supervisión humana y no caben decisiones 100% automatizadas en determinados casos, con lo que el Reglamento parece asumir implícitamente que un ser humano tiene capacidad para discernir y criticar lo que haga la IA, siendo como una garantía.
Un uso prudente de la IA
Otro punto de comparación fundamental es la ética en el desarrollo y uso de la IA. «Antiqua et Nova» destaca la importancia de una ética en la que los principios morales cristianos guíen la creación de tecnología. La Santa Sede aboga por un uso prudente de la IA, considerando que sus decisiones deben reflejar la sabiduría moral y evitar la generación de sistemas que refuercen desigualdades o vulneren la dignidad intrínseca de las personas, pero sin aplicar normas jurídicas. En cambio, el Reglamento de la UE adopta una postura más técnica, imponiendo requisitos de transparencia, control humano y auditorías en sistemas de alto riesgo. Se establecen regulaciones concretas para evitar la discriminación algorítmica y garantizar la explicabilidad de los sistemas de IA. Aunque los métodos varían, ambos documentos reconocen la necesidad de que la IA sea utilizada con responsabilidad y dentro de un marco ético sólido.
La cuestión de la responsabilidad en el uso de la IA es otro factor que tratan ambos textos. La Santa Sede advierte sobre el peligro de delegar decisiones críticas a la IA sin considerar el papel central de la persona humana. Desde una perspectiva moral, sostiene que la responsabilidad última debe recaer en el ser humano, ya que la IA no posee conciencia ni capacidad de juicio ético. Por su parte, el Reglamento europeo establece un marco normativo que asigna responsabilidades legales claras a desarrolladores, proveedores y usuarios de IA, asegurando que haya consecuencias jurídicas en caso de mal uso o incumplimiento de las normas. En este sentido, mientras la Santa Sede apela a la conciencia y la ética individual, la UE opta por una regulación más concreta y coercitiva.
Situaciones de desigualdad y discriminación
Ambos documentos aluden también a las situaciones de desigualdad y discriminación que puede provocar el uso de la IA. «Antiqua et Nova» subraya la importancia de evitar que la IA refuerce estructuras de desigualdad o excluya a los sectores más vulnerables de la sociedad. La Santa Sede alerta sobre el uso de la IA en decisiones que pueden afectar a poblaciones marginadas, como la selección laboral, la concesión de créditos o el acceso a servicios básicos. Por otro lado, el Reglamento de la UE prohíbe expresamente ciertos usos de la IA que puedan generar discriminación, como los sistemas de puntuación social o la categorización biométrica basada en características sensibles. Ambas perspectivas coinciden en que la IA debe ser una herramienta que promueva la equidad y la inclusión, aunque la UE aborda el problema desde la regulación y la Santa Sede desde la exhortación moral.
Respecto a la aplicación práctica, al ser un documento de carácter ético y filosófico, la implementación de la «Antiqua et Nova» en el desarrollo y uso de la IA puede ser menos directa que la del Reglamento de la UE que sí cuenta con mecanismos de cumplimiento. Y, a diferencia de este último que tiene fuerza legal en la UE, el documento de la Santa Sede tiene un alcance más limitado y su adopción depende de la voluntad de los actores involucrados.
Podemos ver que «Antiqua et Nova» y el Reglamento (UE) 2024/1689 representan dos aproximaciones distintas pero complementarias a la inteligencia artificial, buscando ambos una IA centrada en el ser humano, pero con enfoques distintos. Mientras la Santa Sede ofrece una reflexión ética y filosófica basada en la dignidad humana y la moral cristiana, la UE establece un marco regulador con normas concretas para garantizar que la IA sea segura, transparente y respetuosa de los derechos fundamentales.
Aunque sus enfoques son diferentes, ambos documentos convergen en la necesidad de que la IA esté al servicio del ser humano y no al revés, promoviendo su desarrollo dentro de parámetros, unos éticos y otros jurídicos, que protejan a la sociedad en su conjunto. Como señala la «Antiqua et Nova», “la IA sólo debe utilizarse como herramienta complementaria de la inteligencia humana y no sustituir su riqueza”.
Mª José Salar Sotillos
Profesora Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Sociales
Profesora Master Universitario en Bioética
La entrada Antiqua et Nova y el Reglamento de IA 2024: Tradición y futuro en la regulación de la inteligencia artificial aparece primero en Observatorio de Bioética, UCV.

