El cielo nocturno ha sido siempre un espejo de nuestros anhelos más profundos y de nuestras preguntas más radicales. Desde los primeros telescopios de Galileo hasta el revolucionario Telescopio Espacial James Webb, la humanidad ha ido afinando su mirada hacia el universo, expandiendo su conocimiento y, al mismo tiempo, su asombro.
En este artículo, recorremos los hitos científicos que han transformado nuestra comprensión del cosmos y reflexionamos sobre lo que estos descubrimientos nos dicen sobre el origen, el orden y el sentido del universo.

 

El telescopio: una ventana al universo

Desde tiempos inmemoriales, el cielo nocturno ha fascinado a la humanidad, despertando asombro y curiosidad. Sin embargo, nuestros sentidos naturales presentan

La primera imagen oficial tomada por el telescopio James Webb fue presentada públicamente el 12 de julio de 2022, y muestra una vista del cúmulo de galaxias SMACS 0723, que es la imagen infrarroja más profunda y nítida jamás tomada del universo primitivo.

limitaciones significativas. El ojo humano, producto de una evolución notable, tiene un tamaño reducido que limita la cantidad de luz que puede captar, dificultando la observación de objetos celestes tenues o distantes. Además, sólo percibe una estrecha franja del espectro electromagnético, la luz visible, dejando fuera radiaciones como la infrarroja y la ultravioleta, esenciales para detectar objetos fríos o materia interestelar.

Como señala el neurocientífico de la Universidad Stanford, David Eagleman, lo que vemos representa menos de una diezbillonésima parte de las ondas de luz existentes.[1]

Gracias a los avances tecnológicos, hemos desarrollado instrumentos que amplían nuestras capacidades sensoriales, permitiéndonos explorar el universo más allá de lo que nuestros sentidos naturales permiten. Desde hace más de 400 años, el telescopio ha sido una herramienta fundamental en este proceso de descubrimiento.

Galileo y el inicio de la revolución astronómica

En 1609, Galileo Galilei presentó su primer telescopio, con un aumento de ocho a nueve veces. Al mejorar su diseño hasta alcanzar los treinta aumentos, realizó observaciones que desafiaron la visión geocéntrica predominante. Descubrió las fases de Venus, explicables sólo si este planeta orbitaba alrededor del Sol, y observó cuatro lunas orbitando Júpiter, demostrando que no todos los cuerpos celestes giraban en torno a la Tierra. Estos hallazgos respaldaron la teoría heliocéntrica de Copérnico y marcaron un cambio paradigmático en nuestra comprensión del cosmos.

Expandiendo horizontes: Bessel, Shapley y Hubble

La mejora continua de los telescopios permitió ampliar nuestro conocimiento del universo. En 1838, Friedrich Wilhelm Bessel logró la primera medición precisa de la distancia a una estrella, 61 Cygni, utilizando un heliómetro, determinando que se encontraba a 10,3 años luz. Este avance reveló la inmensidad del cosmos.

A principios del siglo XX, aún se creía que el Sistema Solar ocupaba el centro del universo. Sin embargo, en 1918, Harlow Shapley, utilizando el telescopio reflector de 60 pulgadas del Observatorio del Monte Wilson, estudió cúmulos globulares y estrellas variables Cefeidas. Aplicando la relación periodo-luminosidad descubierta por Henrietta Swan Leavitt, Shapley estimó las distancias a estos cúmulos y descubrió que la Vía Láctea era mucho más extensa de lo que se pensaba, y que el Sol se encontraba en una región periférica de la galaxia. Una vez más, se producía un cambio de paradigma: el Sistema Solar no ocupa un lugar centrado en el universo conocido.

En este mismo observatorio, en 1924, Edwin Hubble utilizó un nuevo telescopio de 100 pulgadas para observar estrellas individuales en la nebulosa de Andrómeda y medir sus distancias, concluyendo que Andrómeda era una galaxia independiente de la Vía Láctea. De repente, nuestro universo no era solo la Vía Láctea, sino un cosmos lleno de galaxias.

En 1929, Hubble verificó la expansión del universo, una idea propuesta en 1927 por Georges Lemaître y no admitida por Einstein hasta ese momento. Se demostró que vivimos en un universo en expansión, lo que implica que tuvo un origen.

Más allá de la atmósfera: telescopios espaciales

La atmósfera terrestre distorsiona y absorbe ciertas longitudes de onda de la luz, especialmente en los rangos ultravioleta e infrarrojo, dificultando la obtención de imágenes nítidas desde la superficie. Para superar estas limitaciones, el astrónomo alemán Hermann Oberth propuso en la década de 1920 colocar telescopios en órbita, idea que se materializó en 1968 con el lanzamiento del Orbiting Astronomical Observatory 2 por la NASA.

Desde entonces, diversos telescopios espaciales han ampliado nuestro conocimiento del universo. El Telescopio Espacial Hubble, en funcionamiento desde 1990, ha proporcionado imágenes de alta resolución en luz visible y ultravioleta, confirmando la existencia de agujeros negros supermasivos en los centros galácticos, observando galaxias formadas poco después del Big Bang y proporcionando evidencia de que el universo no solo se expande, sino que lo hace a un ritmo creciente, lo que ha llevado a la hipótesis de la energía oscura, cuya naturaleza aún desconocemos.

Asimismo, el telescopio Kepler, activo entre 2009 y 2018, identificó miles de exoplanetas, abriendo la posibilidad de la existencia de planetas semejantes al nuestro y ampliando nuestra comprensión sobre la formación y evolución de sistemas planetarios.

El Telescopio Espacial James Webb: una nueva era

El Telescopio Espacial James Webb (JWST) es, sin duda, el proyecto más ambicioso y transformador en la investigación cosmológica contemporánea. Concebido en la década de 1990, representa una de las mayores apuestas financieras en la historia de la ciencia espacial; ha sido financiado principalmente por la NASA, con contribuciones significativas de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia

Las imágenes de los “Acantilados Cósmicos” muestran la capacidad de las cámaras del telescopio Webb para penetrar el polvo cósmico, arrojando nueva luz sobre cómo se forman las estrellas.

Espacial Canadiense (CSA). Lanzado en diciembre de 2021, comenzó a operar siete meses después, en julio de 2022. Orbita alrededor del Sol en las proximidades del segundo punto de Lagrange (L2), uno de los cinco puntos del espacio donde las fuerzas gravitatorias del Sol y la Tierra, junto con la fuerza centrífuga experimentada por un objeto en movimiento, se equilibran, que está situado a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Un lugar ideal desde el que dispone de una visión sin obstrucciones del espacio profundo y comunicación ininterrumpida con la Tierra.

Con una vida útil prevista de 20 años, en los tres años transcurridos, ha superado las expectativas al proporcionar observaciones sin precedentes del universo primitivo. Ha capturado imágenes de la galaxia JADES-GS-z14-0, cuya luz proviene de apenas 285 millones de años después del Big Bang.  Ha identificado objetos inesperados, como planetas de masa similar a Júpiter que flotan libremente sin estar ligados a estrellas, y está proporcionando información que desafía y enriquece las teorías existentes sobre la formación y evolución cósmica. Así lo han manifestado numerosos científicos, como Abel Méndez,  director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo: “Estoy asombrado por la resolución y sensibilidad del JWST. Esto cambia las reglas del juego para entender y descubrir nuevos fenómenos astronómicos”[2].

El pasado mes de abril se ha publicado en la plataforma de prepublicaciones científicas arXiv el estudio más reciente sobre la detección de sulfuro de dimetilo (DMS) en la atmósfera del exoplaneta K2-18b, ubicado a 124 años luz de la Tierra; ha estado liderado por el astrofísico Nikku Madhusudhan de la Universidad de Cambridge[3]. Es relevante porque en la Tierra, el DMS es producido exclusivamente por organismos vivos, como el fitoplancton marino.

Los nuevos descubrimientos mueven a la reflexión

El JWST no sólo ha ampliado nuestro conocimiento del universo, sino que también ha provocado una reevaluación de nuestras teorías cosmológicas y ha inspirado profundas reflexiones sobre nuestra existencia y nuestro lugar en el vasto cosmos.

Las primeras imágenes transmitidas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST) tuvieron un impacto profundo y transformador en la comunidad científica. La astrónoma de la Universidad de Kansas, Allison Kirkpatrick, expresó su asombro ante estas primeras imágenes, afirmando: “Me encuentro despierta a las tres de la mañana preguntándome si todo lo que he hecho está mal”[4]. Su reacción refleja cómo los nuevos datos pueden desafiar profundamente las creencias establecidas en la comunidad científica.

El sentimiento de Avi Loeb, astrofísico de Harvard y director del Proyecto Galileo, también es fácil de adivinar. Tres días después de hacerse públicas las imágenes publicó un artículo con el título El telescopio Webb muestra la humildad de nuestras raíces cósmicas.[5]

Son muchas las ideas que hay que repensar. La detección de galaxias bien formadas y agujeros negros supermasivos en etapas muy tempranas del universo, invitan a replantear conceptos fundamentales como la naturaleza del tiempo. El astrofísico de la Universidad de Arizona Fulvio Melia sugiere una expansión uniforme del universo y una relación diferente entre tiempo y evolución cósmica.[6] Esto podría implicar que el tiempo cósmico no es estrictamente lineal y uniforme, sino que puede haber períodos de evolución acelerada, desafiando nuestra comprensión tradicional del tiempo.

A Karin I. Öberg, astroquímica y profesora en la Universidad de Harvard, su íntimo trabajo con las aportaciones de información del JWST le ha movido a diferentes reflexiones.[7]  Recuerda que la cosmología del Big Bang, cuyo padre fue el físico y sacerdote católico Lemaître,  presenta una imagen del comienzo del tiempo y el espacio que implica el concepto teológico de creación a partir de la nada. El aparente comienzo del Universo parece suscitar la pregunta de dónde vino y qué le dio existencia. Y aprovecha para proponer a  Georges Lemaître como ejemplo de cómo la fe puede coexistir con la ciencia.[8]

En referencia al posible descubrimiento de vida extraterrestre considera que, incluso el descubrimiento de vida no inteligente, sería significativo, ya que nos enseñaría sobre la transición de materia inanimada a animada, un proceso aún poco comprendido. Ante la posibilidad de vida inteligente señala que, siendo Dios realmente infinito en poder y bondad, la extensión del Universo y la cantidad de vida que hay en él no influyen en la intensidad de su cuidado por la humanidad. Insiste así en la idea ya expresada en 2008 por el astrónomo y jesuita P. José Gabriel Funes, exdirector del Observatorio Vaticano: “Del mismo modo que hay una multiplicidad de criaturas sobre la tierra, también podría haber otros seres, incluso inteligentes, creados por Dios. Esto no está en contradicción con nuestra fe, porque no podemos establecer límites a la libertad creadora de Dios.”[9]

Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman (Sal 111:2)

La administradora adjunta de la NASA, Pam Melroy, que tuvo el privilegio de contemplar las primeras imágenes transmitidas por el JWST antes de hacerse públicas, expresó así su emoción: “Lo que he visto me ha conmovido, como científica, como ingeniera y como ser humano”.[10]

Desde entonces, día tras día podemos disfrutar de nuevas imágenes que los científicos, filósofos y teólogos se esfuerzan por interpretar.  Los considerables avances tecnológicos, representados por el JWST, nos permiten ver cada día más aspectos de un universo que tuvo un comienzo. El JWST se convierte así en el medio para dar cumplimiento a lo escrito en el libro de los salmos: “Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman”(Sal 111:2).

 

Manuel Ribes

Instituto Ciencias de la Vida

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

[1]  David Eagleman Can we create new senses for humans?  Inner cosmos  Episode 12/06/2023

[2] Doris Elin Urrutia et al. 12 scientists react to the Webb Telescope’s first images: “A stunning achievement”  Inverse  Julio 2022

[3] Nikku Madhusudhan et al.  New Constraints on DMS and DMDS in the Atmosphere of K2-18 b from JWST MIRI arXiv:2504.12267v1  [astro-ph.EP]  16 Apr 2025

[4] Keith Cooper The James Webb Space Telescope never disproved the Big Bang. Here’s how that falsehood spread  Space.com  September 7, 2022

[5] Avi Loeb Webb telescope shows the humility of our cosmic roots   THE HILL Julio 2022

[6] Fulvio Melia The Cosmic Timeline Implied by the JWST Reionization Crisis  arXiv:2407.01581v1 [astro-ph.CO] 12 Jun 2024

[7] Karin I. Öberg  Astronomy and Religion Dialogue in the Age of JWST  Astrophysics: The James Webb Space Telescope – From First Light to New World Views Proceedings of a Workshop held at Casina Pio IV, Vatican City, 27-29 February 2024  ISBN: 978-88-266-0960-7

[8] M.Ribes Lemaître, religión, ciencia: “Había dos formas de llegar a la verdad. Decidí seguir ambas”  OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV  16 abril, 2021

[9] Believing in aliens not opposed to Christianity, Vatican’s top astronomer says CNA Newsletter Vatican City, May 13, 2008

[10]  Evrim Yazgin Here comes James Webb Space Telescope’s first full colour photo drop Cosmos July 13, 2022

La entrada Contemplando el firmamento: ciencia, asombro y sentido aparece primero en Observatorio de Bioética, UCV.

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