El consumo de cannabis se ha convertido en una práctica cada vez más extendida, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo, las investigaciones siguen arrojando datos preocupantes sobre sus efectos en la salud. Un reciente estudio publicado en JACC Advances este mes de marzo concluye que los consumidores de cannabis tienen un riesgo significativamente mayor de sufrir diversas afecciones cardiovasculares en comparación con quienes no lo consumen.
Riesgos cardiovasculares asociados al consumo de cannabis
El estudio, liderado por el Dr. Ibrahim Kamel, instructor clínico en la Facultad de Medicina Chobanian & Avedisian de la Universidad de Boston y residente de medicina interna en el Centro Médico St. Elizabeth de Boston, analizó datos de aproximadamente 4,6 millones de pacientes de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Utilizando la red de investigación TriNetX, los investigadores evaluaron la relación entre el consumo de cannabis y los infartos en jóvenes de 25 años de promedio que no reportaron ninguna comorbilidad que aumentara su riesgo de infarto.
Los hallazgos son alarmantes:
- Las personas que consumen cannabis tienen seis veces más riesgo de sufrir un infarto.
- Cuatro veces más riesgo de padecer un accidente cerebrovascular isquémico.
- El doble de riesgo de insuficiencia cardíaca.
- Tres veces más probabilidades de muerte cardiovascular, infarto o accidente cerebrovascular.
Evidencia creciente sobre los efectos nocivos del cannabis
El Dr. Kamel también dirigió un metanálisis que recopiló 12 estudios previos sobre el tema, 10 de Estados Unidos, 1 de Canadá y 1 de la India con resultados similares. De estos estudios:
- Siete confirmaron la relación entre el consumo de cannabis y un mayor riesgo de infarto.
- Cuatro no encontraron diferencias significativas.
- Uno, de forma aislada, halló un menor riesgo de infarto en consumidores de cannabis.
En general, se determinó que los consumidores de cannabis tienen 1,5 veces más probabilidades de sufrir un infarto en comparación con quienes no consumen la droga.
Además, el próximo 29 de marzo se presentará un metanálisis en la reunión científica anual del American College of Cardiology, el cual se considera el estudio más extenso realizado hasta la fecha sobre la relación entre el consumo de cannabis y los infartos.
Advertencias y necesidad de regulación
Ante estos hallazgos, el Dr. Kamel sugiere que los productos de cannabis deberían incluir advertencias sobre sus posibles riesgos cardiovasculares, al igual que los paquetes de cigarrillos. “No deberíamos tener que demostrar que el consumo de cannabis es perjudicial; la industria debería tener que demostrar que es seguro”, afirmó.
Aun con la implementación de etiquetas de advertencia y campañas educativas, el investigador principal insiste en que los médicos deben ser directos con sus pacientes: “No sabemos con certeza si el consumo de cannabis causa enfermedades cardíacas, pero la evidencia es cada vez mayor. Los pacientes deben estar informados”.
Un problema de salud pública en ascenso
Desde el Observatorio de Bioética hemos abordado en múltiples ocasiones los efectos del consumo de cannabis, la droga ilícita más consumida en el mundo entre personas de 15 y 64 años. A medida que su legalización avanza en distintos países, se hace imprescindible que las autoridades sanitarias informen a la población sobre la evidencia científica disponible, de modo que se conozcan los importantes riesgos para su salud asociados al consumo de esta droga.
Las peticiones de legalización de su cultivo, comercio y consumo parecen ignorar los efectos secundarios asociados, tanto neurológicos como cardiovasculares, graves en muchos casos, además de la probada influencia que posee como puerta de acceso al consumo de cocaína, opiáceos u otros psicoestimulantes.
Uso medicinal de los derivados del cannabis
Debe distinguirse el consumo de la droga, la hoja de cannabis sativa, de la utilización de determinados principios activos extraídos de la planta tras un proceso de separación y purificación.
Así, ∆9-tetrahidrocannabinol o THC es uno de los cannabinoides mayoritarios presentes en el cannabis y es el más estudiado de todos ellos. El enantiómero farmacológicamente más potente del THC también es conocido como dronabinol, y este término se usa además como denominación común internacional del mismo. Está autorizado para el tratamiento de nauseas y vómitos asociados a los tratamientos quimioterápicos que no responden a los tratamientos habituales, así como el tratamiento de la anorexia en pacientes de SIDA.
Otros principios activos como el cannabidiol o CBD, carecen de efectos psicotrópicos, a diferencia del THC, y están autorizados para el tratamiento del algunas enfermedades raras como los síndromes de Lennox-Gastaldi y de Dravet y la esclerosis tuberosa en niños mayores de 2 años.
La combinación de estos dos principios activos en un medicamento denominado Sativex, que parece atenuar los efectos psicóticos y la ansiedad asociados al THC, se utiliza en el tratamiento paliativo de la rigidez en las extremidades y para la mejora de las funciones motoras en pacientes con esclerosis múltiple. También se está estudiando su utilidad como terapias en el dolor cónico relacionado con el cáncer o la artritis así como en el proceso de deshabituación al cannabis.
Julio Tudela
Cristina Castillo
Observatorio de Bioética
Instituto Ciencias de la Vida
Universidad Católica de Valencia
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