La formación continuada en el ámbito sanitario es un deber ético y profesional asumido por todos los que se dedican al cuidado de la salud. Sin embargo, aún persiste una laguna formativa clave: los cuidados paliativos. En este artículo se reflexiona sobre la necesidad urgente de incorporar esta disciplina en la formación básica de todo profesional sanitario, no solo como una herramienta técnica, sino como un compromiso ético ineludible. A través de casos reales, se evidencia cómo la falta de preparación en este ámbito puede traducirse en actitudes de abandono, autosuficiencia o miedo, con consecuencias directas en la calidad de vida de los pacientes en etapas avanzadas de su enfermedad. La medicina paliativa no puede ser una asignatura pendiente: es una inversión esencial en humanidad, profesionalidad y justicia.

Los profesionales sanitarios hemos asumido que la formación continuada es necesaria para que nuestra competencia profesional la mantengamos al día y así podamos ayudar a los pacientes que nos solicitan ayuda para curar su enfermedad. El Código de Deontología Médica (OMC, 2022), en su artículo 77.1 nos recuerda que esta formación continuada es un deber deontológico: “La formación médica continuada es un deber deontológico, un derecho y una responsabilidad de todos los médicos a lo largo de su vida profesional”. Pero de esto no voy a tratar en este artículo porque doy por hecho que todos los que nos dedicamos a la atención sanitaria lo tenemos interiorizado y lo practicamos.

De lo que sí voy a tratar es de la necesidad de formarnos también en cuidados paliativos porque muchos de nuestros pacientes no podrán ser curados, pero seguirán necesitando nuestra ayuda para que les aliviemos su sufrimiento y los acompañemos hasta el final. Por ello, tenemos un compromiso ético en formarnos en cuidados paliativos para cuidarles mejor.

No es preciso que todos los profesionales sanitarios seamos verdaderos expertos en cuidados paliativos, como tampoco lo somos en diabetes, en hipertensión, pediatría, geriatría, etc. Pero si debiéramos tener una formación básica en cada una de las situaciones clínicas a la que se enfrentan nuestros pacientes para que podamos ofrecerles nuestro apoyo. Si los problemas que presentan son complejos serán entonces los expertos quienes se ocupen de ello.

Algunas actitudes negativas

Hay situaciones en las que la falta de formación en cuidados paliativos puede llevar a actitudes negativas en la atención a los pacientes. Pongamos algún ejemplo.

Una médico joven que hace muy poco ha terminado su residencia de Oncología y que ya es adjunta en el Servicio de Oncología de un hospital importante, ha recibido en su servicio a un paciente con un proceso oncológico muy avanzado sin alternativa alguna de tratamiento curativo y que tan solo le podrían ayudar con cuidados paliativos. Cuando valora al enfermo considera que se encuentra ante una situación compleja y decide evitarla y dejar a la persona enferma y a su familia a la libre evolución de su proceso, entendiendo además que los cuidados paliativos sólo deben ser aplicados en la fase agónica. La joven doctora desconocía que los cuidados paliativos se deben ofrecer desde el primer momento del diagnóstico de la fatal enfermedad y que podrán simultanearse junto a los tratamientos curativos y a medida que estos tratamientos resultan ineficaces se intensifican los cuidados paliativos. En ningún caso hay que esperar a la fase agónica para aplicar la medicina paliativa. Su falta de formación en cuidados paliativos le llevó a abandonar al enfermo y a su familia ante el sufrimiento que le provocaba la enfermedad oncológica avanzada que padecía.

Además de la actitud de abandono  en el caso anterior, otra actitud derivada de la falta de formación es la de autosuficiencia considerando que la situación es nimia y de escasa complejidad y que puede ser fácilmente manejada con unos mínimos conocimientos técnicos y la atención de los síntomas físicos.

Ejemplo de esta autosuficiencia profesional es la que demostró un médico especialista muy prestigioso y con bastantes años de experiencia asistencial, pero que no tenía formación en cuidados paliativos, al que le es solicitada la atención a un enfermo con una enfermedad respiratoria avanzada y que no respondía a ningún tratamiento. El enfermo tenía mucho miedo a ahogarse por falta de aire, tenía miedo a morirse; además no quería ingresar en el Hospital para no estar lejos de su familia y de sus seres queridos. El especialista en cuestión consideró que estaba ante una situación nimia y de escasa complejidad y que podía ser fácilmente manejada por él con unos mínimos conocimientos técnicos y la atención de los síntomas físicos. Esta autosuficiencia del médico le llevó a no tener en cuenta otras necesidades de su enfermo para lo que también debiera haber estado formado, como era la ayuda ante el miedo a morir y sus habilidades para tomar decisiones junto al enfermo ante su negación a ingresar en un hospital.

La tercera actitud como consecuencia de la falta de formación en cuidados paliativos es la actitud de miedo. Esto le ocurrió a un médico internista que destacaba por sus éxitos diagnósticos. En este caso se encontró con una enferma de edad avanzada en la fase terminal de su demencia y una familia que deseaba llevarla a su domicilio para que falleciera en paz junto a ellos. Sin embargo, el médico ante el miedo y las reticencias a aceptar la situación de terminalidad de su paciente emprendió actitudes más intervencionistas para hidratarla y nutrirla.

Pues bien, estas tres actitudes (abandono, autosuficiencia y miedo) pueden provocar y provocan, de hecho, que la persona al final de la vida y su familia sufran la falta de atención integral del proceso de morir, la falta de apoyo domiciliario y la escasez de cuidados continuados. Sin embargo, hay evidencia alentadora de que estas actitudes pueden evitarse con los conocimientos y las habilidades adquiridas con la formación continuada en cuidados paliativos.

La medicina paliativa ha adquirido un rango asistencial y científico suficiente como para ser impartida en todas las facultades de medicina por profesores que puedan acreditar una formación y experiencia clínica suficientes. Esta reflexión es acorde con lo previsto por las directivas del espacio Universitario Europeo que prevé los cuidados paliativos como asignatura pendiente.

La inversión de cualquier institución en formar a sus profesionales en cuidados paliativos o de implicarse con instituciones universitarias en la formación será una inversión muy rentable para que los enfermos y sus familias sean mejor cuidados. Cuidar a las personas enfermas no es una cuestión opcional de los profesionales, es un imperativo ético.

 

Dr. Jacinto Bátiz Cantera

Director del Instituto Para Cuidar Mejor.

Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya)

Patrono de la Fundación Pía Aguirreche

 

 

 

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